Mas vale el buen nombre que las muchas riquezas – Luis-Bravo
La búsqueda de la riqueza y el reconocimiento
Muchas veces las personas buscan la riqueza como una forma de obtener el reconocimiento que nunca han tenido.
En esta búsqueda, no les importa pasar sobre quien sea con tal de obtener lo que desean. La ambición los ciega, los consume y termina destruyéndolos, porque aquel reconocimiento que esperaban nunca llega, debido al tipo de personas en las que se convierten.
Como alguien dijo una vez:
“Es agradable ser importante, pero es más importante ser agradable.”
El dinero fácil y sus consecuencias
Hoy en día vemos a muchas personas detrás de las riquezas, especialmente del dinero fácil, que por lo general se obtiene de formas incorrectas: contrabando, narcotráfico, desfalcos millonarios en gobiernos latinoamericanos, entre otros.
La reflexión es clara: ¿No estarían mejor estas personas con un poco de dinero, pero en paz?
La Biblia enseña en Eclesiastés que:
“Como no se ejecuta luego la sentencia sobre una cosa mala, el corazón de los hijos de los hombres está inclinado a hacer el mal.”
Es decir, como no les pasa nada la primera, ni la segunda, ni la milésima vez, continúan haciendo lo malo. Pero aunque puedan escapar de la justicia humana, de la justicia divina nadie puede huir.
El ejemplo del Rey Salomón
Incluso el sabio Rey Salomón tuvo que reconocer que había probado de todo para llenar sus vacíos: riquezas, mujeres y placeres.
Cuando la reina de Sabá lo visitó, quedó impresionada al punto de postrarse ante uno de sus siervos, pensando que era él.
Y aun con todo eso, Salomón exclamó:
“¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad!” (Eclesiastés)
También afirmó que:
“El hecho de que un hombre coma, beba y disfrute su trabajo, es un don de Dios.”
Jesús y la verdadera riqueza
Tener riquezas no es malo, siempre y cuando no sean la prioridad en nuestras vidas. Jesús dijo:
“Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”
El problema no es el dinero, sino el amor al dinero, como escribió el apóstol Pablo:
“La raíz de todos los males es el amor al dinero.”
El dinero en sí es necesario para vivir, para servir en el ministerio y para llevar adelante la obra de Dios, pero siempre debe ocupar un lugar secundario en comparación con un buen nombre y un corazón recto.
Un buen nombre: la mejor herencia
Más importante que dejar riquezas mal habidas a nuestros hijos, es dejarles un buen nombre, una herencia de honra. Como enseña Proverbios:
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.”
También dice:
“Mejor es lo poco con justicia, que lo mucho sin derecho.”
Es decir: tener dinero es bueno, pero ganarlo bien es mejor.
Conclusión
Debemos recordar que:
Dios es paciente, pero también justo.
El dinero debe ser un recurso, no un ídolo.
La verdadera riqueza está en vivir en paz con Dios y con un corazón limpio.
Dios te bendiga.
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